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El Ecologista Nuclear
I. NO ES VERDE TODO LO QUE RELUCE
II. DELICIA ETERNA
III. UNA HERENCIA DILAPIDADA
IV. EL COMBUSTIBLE INNOBLE
V. MANÁ QUE BROTA DE LA TIERRA
VI. LLAMA SAGRADA
VII. A BORDO DEL NAUTILUS
VIII. HERENCIA DE LA SUPERNOVA
IX. REACTORES NUCLEARES
X. ¿NUCLEAR NO GRACIAS?
XI. LA LETANÍA ANTINUCLEAR
XII. HELIOS Y EOLO
XIII. EN LA ENCRUCIJADA
Trece mentiras
01.

No es verde todo lo que reluce


El pintor, con su caballete a cuestas, avanza sin prisa por la pra-dera que se extiende hasta el confín del cielo de verano. Bajo un castaño prepara sus paletas y óleos, se estira, bosteza, sonríe. Vis¬te una ligera camisa, pantalones de algodón, un sombrero de paja le cubre los rizos rebeldes. Va descalzo, porque le gusta sentir la hierba acariciándole los pies. Este pintor ama la naturaleza, la ama como artista y como científico. Este pintor es físico nuclear y su trabajo consiste en aprovechar el poder elemental del átomo, el mismo que hace brillar a las estrellas, para generar la electrici¬dad y el hidrógeno que utiliza su ciudad.

Una ciudad que se extiende a ambos lados de un ancho río, a pocos kilómetros de esta pradera. Hoy celebra el solsticio de verano del año 2050 y también el décimo aniversario del día del cambio, la fecha histórica en la que se cerró la última central eléc¬trica de carbón. Para festejarlo, muchas familias organizan excur¬siones en bicicleta, recorriendo la carretera sin coches que dis¬curre entre granjas eólicas hasta la gran presa, que junto con los aerogeneradores y la central nuclear, alimenta los hogares y las industrias de la ciudad. Otros, como el pintor, se dedican a sus hobbies preferidos.

La ciudad y sus habitantes rechaza los excesos, aborrecen el desperdicio y creen en la solidaridad. Saben que es necesaria para mejorar un mundo que ya cuenta, mediado el siglo, con 9.000 millones de personas. La gente que vive aquí consume menos ener¬gía de la que se malgastaba a principios del siglo XXI.Viven en edi¬ficios supereficientes, viajan en tren eléctrico de alta velocidad, con¬ducen pequeños turismos híbridos y la sola mención de uno de los monstruosos 4 × 4 que invadían las autopistas unas décadas atrás les pone los pelos de punta. Sin embargo, en el planeta se consu¬me más energía que nunca antes en la historia, porque por prime¬ra vez todos sus habitantes tienen derecho a un mínimo digno.

Generar toda esa energía sin recurrir a los combustibles fósi¬les, cuya amenaza todavía planea sobre el futuro como la sombra de un Nazgûl —la concentración de CO2 se ha estabilizado en 450 partes por millón, o ppm, y los científicos albergan la esperanza de que se haya evitado una catástrofe—, requiere un esfuerzo enor¬me. El pintor está orgulloso de su trabajo porque sabe que es una parte importante de ese esfuerzo. Sin él y otros como él, quizás la pradera por la que pasea sería un erial desolado por la sequía.
Hoy el pintor se siente inspirado. Fija la mirada en las torres gemelas que dominan el horizonte y empieza a trabajar. Un rato más tarde, las gigantescas chimeneas de la central nuclear empie-zan a perfilarse en su lienzo, pero el pintor las ha transformado en grandes árboles, cubiertos de hojas verdes.

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El Ecologista Nuclear

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